Casas que la modernidad y el dinero nunca, o casi nunca, pudieron derribar

Casas que la modernidad y el dinero nunca, o casi nunca, pudieron derribar

Hay lugares que son imposibles de modificar, pues para sus dueños representan más que dinero. Estas construcciones son parte del paisaje urbano de los sitios donde se localizan. Para la mente humana, todo aquello que existe posee una estructura; para los sentidos, todo lo perceptible tiene forma, para la arquitectura se materializa en construcciones que “aparecen” y “desaparecen”, según comenta el sito arqhys.com

La película Up de Pixar muestra de manera cómica uno de los inconvenientes más comunes a la hora de construir enormes y modernos escenarios alrededor de barrios que tienen años de historia: hay casas imposibles de derrumbar.

En dicha película, Carl Fredricksen no quería que demolieran su hogar porque fue ahí donde pasó los momentos más felices de su vida. Nadie logró que la vendiera a los contratistas. Y prefirió volar en ella.

En la vida real, estas situaciones pasan. Les llaman “casas uñas” porque siguen aferradas al lugar donde están, señala el sitio deputy-dog.com, que hace una recopilación de edificios que jamás pudieron ser demolidos.

La casa de Edith Macefield. Edith se volvió famosa en 2006 cuando declinó una propuesta por un millón de dólares para vender su casa. Habitó ese lugar desde 1966 hasta el año pasado, cuando falleció. Ella se volvió una especie de héroe por no querer que su espacio se volviera parte de otro centro comercial del barrio de Ballard, en Seattle, Estados Unidos.

Los empresarios decidieron seguir con sus planes y construyeron un centro comercial alrededor de la casa de 108 años de edad, señala el sitio seattlepi.com. La residencia puede ubicarse en Google Maps.

La casa de WuPing. La casa de la señora WuPing tal vez es la “casa uña” más famosa. Existió hasta 2007, cuando fue demolida definitivamente luego de que un juzgado fallara a favor de la empresa constructora de un centro comercial.

Su dueña era la única de 241 propietarios que no aceptaba abandonar el lugar porque aseguraba que la empresa le estaba ofreciendo una pequeña cantidad de dinero cuando ella sólo quería otra casa donde vivir, informó el blog venture160. El problema duró tres años.

Granjeros en Japón contra el aeropuerto de Narita. En 1966, el gobierno de Japón reveló planes para construir lo que sería el aeropuerto de Narita. Eso disgustó a los campesinos dueños de las tierras donde se planeaba la construcción.

Durante 20 años estuvieron peleando el lugar y no dejaron que la terminal se construyera con las tres pistas de aterrizaje que se tenían planeadas. Recientemente se pudo abrir la segunda, entre campos de arroz y gallinas.

El hogar de Austin Spriggs. Austin le tiene mucho cariño a su hogar. Le ofrecieron 3 millones de dólares por él, pero no aceptó la oferta. En cambio, prefirió hacer de su casa una pizzería, que ahora está rodeada por un vistoso centro comercial.

Visto en: De10.com.mx





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